jueves, 15 de enero de 2015

Rosa luxemburgo | Radialistas Apasionadas y Apasionados

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Humor y Conciencia

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viernes, 26 de diciembre de 2014

El Ciudadano » Anarquismo, su limitación es su horizonte

(Muy breve introducción al anarquismo)
Introducción
Lo paradójico de un debate sobre el anarquismo es que nunca es actual, empero, tampoco puede ser considerado anacrónico ni que pasó su “época” a diferencia de otras corrientes filosófico/políticas que se suscitan en la modernidad, incluso del mismo marxismo- él cual fue excluido del debate en las ciencias sociales post-caída del muro de Berlín y del derrumbe del denominado Socialismo Real- de esta manera el anarquismo se mantiene en la constante crítica como contrahegemónicoper se y que no puede convertirse en hegemónico, o por lo menos no dentro de las narrativas estatalistas modernas ni posmodernas.
Este factor es el que crea una duda acerca de las posibilidades de construir un proyecto político anarquista o si existe la posibilidad de teorizar desde las ciencias sociales al anarquismo sin necesidad de denostar indefectiblemente en la filosofía. En el presente ensayo se visualizarán ciertas características del anarquismo que permitirán entender tanto su imposibilidad como proyecto político como sus características teóricas más elementales.
El primer elemento a estudiarse será el individualismo metodológico como aproximación del anarquismo al sujeto y su relación con el Estado. (Las corrientes anarquistas varían mucho en sus diversas posiciones metodológicas y en su análisis del sujeto, empero, manejan la voluntad del sujeto natural como pivote analítico).
El segundo elemento a tocar dentro de un estudio sobre el anarquismo es la crítica, la crítica como eterna negación de una verdad revelada, “La crítica es imputar el criterio de verdad”. (Horkheimer: 1930)
Un tercer elemento a destacar es el Estado, el Estado como sustancia y como coacción. El anarquismo es la única corriente filosófica política que no plantea la reducción del Estado o la extinción, sino su destrucción total y eliminación de cualquier tipo de coacción que provenga del Estado. Es menester resaltar que el anarquismo concibe al Estado no sólo como administración o como dominación de una clase sobre otra, ni siquiera como campo de lucha o posibilidad de gestión, sino como sinónimo de explotación y coacción.
Y finalmente, el cuarto factor a tomar en cuenta para un estudio de lo que puede ser el anarquismo y sus implicancias políticas actuales, es la parte epistémica y ontológica. Muy relacionado con el primer elemento de análisis, la parte epistémica del anarquismo parte con el mito del origen humano establecida en un momento constitutivo idílico donde se vivía en comunidad primitiva y, ante la ausencia de un Estado coaccionador, se vivía en completa armonía. Este estado de naturaleza como metáfora, como esbozo teórico o como realidad histórica –según la corriente- es vista indudablemente como el axioma del anarquismo, al plantear la existencia de un inicio metafísico más allá de las condiciones sociales e históricas en las que nos desenvolvemos.
Desarrollo de las premisas
Como se mencionó anteriormente, se tiene 4 pilares fundamentales en los cuales se puede encerrar toda la “teoría política” anarquista, incluyendo sus vertientes más radicales o más moderadas. El primer elemento sobre el individualismo metodológico radica en que el estudio de la sociedad y de las relaciones sociales/políticas que se encuentran inmersas en esta totalidad, parte de la incursión de un individuo, de una persona, digámoslo así, desde un sujeto cartesiano racional y moderno que se encuentra en un estado de naturaleza a priori y que tiene la posibilidad de desenvolverse como individuo en abstractum sin la incursión social ni las relaciones sociales de producción que determinan la vida humana. Un posición esencialista del sujeto como eternamente el mismo, un sujeto moralmente correcto que, sin embargo, es alienado o enajenado por las condiciones sociales (El Estado) y entonces pervertido para caer en una cosificación, una negación de la razón moderna por una sin-razón que explota al ser humano y lo enajena.

...El individualismo metodológico responde a criterios burgueses y el anarquismo no es más que una derivación de los intereses de la burguesía plasmados en el exaltamiento del individuo por encima de la sociedad y de las clases sociales.

El individualismo metodológico es original de la modernidad capitalista y del ser-burgués en potencia, nace con las condiciones políticas y materiales que la burguesía impelió ante la narrativa de las sociedades pre-modernas, sean éstas tributarias o feudales. El momento en que el sujeto cartesiano comienza a hacerse dueño de la historia universal y a re-significar cualquier tipo de resabio bárbaro o salvaje de la historia humana, es justamente aquel momento en el cual el ascenso de la burguesía productiva y financiera toma las riendas de la reproducción social humana determinando, de esta manera, cualquier pensamiento político o corriente filosófica.
Es entonces que filósofos modernos y estudiosos de la política moderna empiezan a constituir precepto básicos de lo que ulteriormente se denominaría como el individualismo metodológico- véase Kant y el sujeto trascendental o Hegel y el sujeto absoluto-. El anarquismo parte de este precepto epistemológico para exponer criteriosamente una feroz crítica al orden establecido; al acusarlo –metafísicamente- de ser coaccionador per se y de que es el Estado como sustancia el ente rector de todo tipo de injusticia humana.
Es menester resaltar que este precepto del individuo por encima de la sociedad y de la voluntad de las subjetividades por encima de lo objetivo, es ya un actitud política y moralmente condicionada, es decir, que responde a determinados criterios de poder y a determinadas condiciones materiales de reproducción vital; moralmente responde, sin lugar a dudas, al espíritu burgués secular de la época y a su negación de un ente rector (material o inmaterial, Dios o Estado) que condicione la vida humana. El anarquismo desde su origen metodológico responde a criterios burgueses, además que es irremisiblemente moderno y racional.
En conclusión el individualismo metodológico responde a criterios burgueses y el anarquismo no es más que una derivación de los intereses de la burguesía plasmados en el exaltamiento del individuo por encima de la sociedad y de las clases sociales.
La segunda premisa habla del criterio de verdad, es esta quizás la más dificultosa de abordar en poco espacio, empero, se tratará de dilucidar algunos aspectos generales. El criterio de verdad es el pivote fundamental de toda teoría gnoseológica y de cualquier teoría en general que plantea considerarse a sí misma como tal. El anarquismo considera que la verdad no es constituida históricamente ni que es un constructo social, incluso es complicado establecer que es una filosofía política en términos estrictos, sino que es más una doctrina moral, por consecuencia, la verdad está sujeta simplemente a la justicia como absoluto, que sí y sólo sí es tal con la abolición del Estado. Esto quiere decir que la verdad para el anarquismo es la contrahegemonía, es la eterna contradicción de lo establecido, paradójicamente no a partir de un criterio del movimiento, como en el marxismo, sino más bien a partir de imponer otro absoluto, que es la negación de cualquier Estado como organizador societal.
Esta negación de la verdad estatal o mejor dicho de las verdades estatales, no tiene por antagónico un verdad histórica o relacional, sino sustancial, es imponer un absoluto por otro absoluto, un deber-ser moral, donde lo bueno es lo no-estatal y por consecuencia lógica, lo malo es lo estatal. Es por esta razón que el anarquismo no puede ser anacrónico ni tampoco puede estar vigente, es sólo el gatillador de una doctrina moral de lo eternamente bueno, que es bueno sólo por no ser coaccionario.
La crítica del anarquismo es fatal y nihilista, pesimista y nostálgica, empero, su potencial radica en que el eterno descontento evita cerrar los márgenes de lo posible en cualquier sociedad y que, aunque nunca sea vigente, es el espíritu latente de disconformidad humana con su entorno social, es constructor de nuevas alternativas al mundo circundante.
La tercera premisa que esbozaremos aquí es la concepción del Estado. Veamos este razonamiento: “Dado que todos los Estado son necesariamente coactivos, todos los Estados son necesariamente malos. Dado que todos los Estado son necesariamente malos, nadie está obligado a obedecer o apoyar ningún Estado. Dado que todos los Estado son malos, y dado que nadie está obligado a obedecer o apoyar a ningún Estado, y dado que una sociedad sin Estado es una opción factible, deberían abolirse todos los Estados”. (Vargas: 2013)

La crítica del anarquismo es fatal y nihilista, pesimista y nostálgica, empero, su potencial radica en que el eterno descontento evita cerrar los márgenes de lo posible en cualquier sociedad.

Esta simplificación del concepto de Estado según el anarquismo radica en el pensamiento de Robert Wolff, empero, es sintética y permite que se tenga una aproximación a lo que es el anarquismo en su generalidad. El Estado para el anarquismo es sinónimo de coacción y de injusticia, de persecución y de disciplinación, por ende, es la negación de la libertad, entonces, sería moralmente enemigo del sujeto individual que nace indefectiblemente libre. El Estado es visto como el Leviathan hobbesiano y como una herencia pre-moderna que se transfiguró secular y moderna. El Estado podría cumplir –bajo este criterio- el papel de dios o de una deidad que determine el libre albedrío humano.
Al ser la sustancia: Estado esencialmente coaccinador y externo a la sustancia: ser humano, éste es foráneo y representa el elemento negador de la libertad humana y de su devenir como condición sine qua non para ser denominado tal, es decir, para ser un ser-humano. La óptica del anarquismo hacia el Estado radica en una construcción metafísica del mismo, y no visualiza al Estado como las múltiples manifestaciones históricas que tiene, además que niega sus potencialidades como constructo social devenido.
Esta metafísica del Estado como enemigo de la libertad humana, es similar a la crítica que realiza el liberalismo ortodoxo al Estado. El discurso del Estado como mal administrador, como enemigo de la libertad, como antagónico del progreso burgués, como metafísica del liberalismo mercantil y de la libertad de comercio, es uno de los pivotes del capitalismo liberal de mercado. ¿Dónde radica su parecido? Como se explicó anteriormente, su proximidad es gracias a su metodología, al individualismo metodológico que tanto el liberalismo más radical como el anarquismo manejan para interpretar la realidad.
Finalmente tenemos la cuarta premisa, que es el mito del origen. El mito del origen es la creación de una narrativa teórica que tiene anclada sus raíces en preceptos religiosos que no necesitan de comprobación racional y teórica, donde la comprobación empírica o los estudios rigurosos no tienen cabida. Es la creación de un mito profundo que toca las fibras más sensibles de la humanidad, la que permite que el anarquismo como otras corrientes políticas- véase el mito de la mano invisible del mercado, la divinización del pasado pre-colombino por parte de ciertos grupos pachamamistas e indianistas, la divinización de la historia de viejos imperios o pueblos como el fascismo, etc- construyan todo una base teórica que justifique su accionar político y moral.
El mito de una comunidad primitiva donde el Estado no existía, no se diferencia mucho del Estado natural del hombre como el Homo homini lupus de Hobbes, o el dicho de Rousseau “El Hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. Este tipo de Robinsoneadas, en palabras de Marx, son las que han creado el mito no sólo del progreso humano hacia un fin idílico o hacia una necesidad fatal y metafísica, como la tierra prometida del pueblo judío, sino que también han permitido que ciertas posiciones sustancialistas sean constituidas en el basamento teórico del contractualismo estatalista moderno así como del anarquismo y el mito de la voluntad humana como asociación de hombres y mujeres libres.
La estructuración de un mito, de una sustancia como punto de origen de cualquier análisis impele a la existencia de 3 fenómenos: A secularizar mitos religiosos bajo una tez racional, que sin embargo, continúa siendo esencialista y por consecuencia mitológica y metafísica. Segunda cosa, se crean escalas de valores eternas (como los diez mandamientos) que no pueden ser alterados ni tampoco refutados, es decir, se crean dogmas, y tercero, se extirpa cualquier tipo de crítica o de duda filosófica, porque todas las preguntas ya se encuentran contestadas. Valga la necesidad de resaltar aquí el marxismo dogmático de la URSS que también gozaba de estas características.
En conclusión la construcción del mito de la comunidad antigua divina sin Estado como fuente moral de la no-coacción y de la no-maldad, es sólo un precepto religioso actualizado y secularizado por las condiciones vitales burguesas actuales, y por la construcción moderna del sujeto cartesiano. El anarquismo es aquí simplemente una derivación del orden burgués establecido y de un anhelo mítico de una sociedadperfecta e idílica.
“Actualidad” del anarquismo
Como se explicó anteriormente el anarquismo no puede ser actual ni tampoco puede ser anacrónico. Empero, aquí se suscita un fenómeno que se debe más a causas históricas y psico-sociales, que a filosóficas y teóricas. Existen determinados países del mundo como Estados Unidos, Inglaterra e incluso Chile donde las ideas anarquistas gozan de un amplio espacio social y popular, y donde las banderas del anarquismo son levantadas con determinado fervor y relativa simpatía por los movimientos progresistas y rebeldes. ¿Por qué? Países como estos son caracterizados por tener un Estado fuerte y soberano, un Estado que se asimila al Big Brother y a la disciplinación constante. Es entonces que la significación del campo político sólo goza de sentido bajo el tutelaje de un Estado, las narrativas sociales y políticas sólo se construyen a partir de una democracia constitucional representativa, o en el caso de Inglaterra de un gobierno monárquico parlamentario, razón que impele a que los sectores más radicales de la sociedad o que plantean un cambio estructural de la misma como los comunistas o los grupos liberales de izquierda no realicen otra labor que no sea la de participar en elecciones o de aliarse con grupos conservadores –que generalmente imponen sus ideas con la aquiescencia de estos partidos y grupos revolucionarios- esto eyecta a las personas a pensar que la mitología anarquista y la búsqueda de la libertad individual a expensas del Estado es la única opción para cambiar la sociedad. Aunque este tema debe ser tratado a profundidad en otro momento.
Conclusiones
Hay dos tipos de conclusiones que se puede plasmar, la primera que el anarquismo es una corriente que migra del liberalismo clásico hacia un nihilismo político y hacia una doctrina moral que no puede ser actual, pero que tampoco puede ser rebatida empíricamente, esto se explicó en las 4 premisas expuestas anteriormente. Y la segunda nos habla de lo rescatable del anarquismo. Lo rescatable del anarquismo es el eterno descontento con el orden establecido que no permite que los márgenes de lo posible lleguen a suturarse en una sociedad conservadora, de esta manera, la actualidad del anarquismo es constante y latente porque interpela a los criterios de verdad y a cualquier sedimentación de metáforas ideológicas y políticas que configuran nuestra accionar social, es la constante duda, la eterna duda absoluta incapaz de construir algo, pero que siempre sirve de primer gatillador de para construir otros proyectos políticos alternativos a la sociedad capitalista actual.
José Daniel LlorentiIngeniero Comercial, estudiante de filosofía y maestrante en la Maestría de Filosofía y Ciencias Políticas de la UMSA en Bolivia